Lycaón, el primer lobo de la historia

sábado, 10 de agosto de 2013.
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Ovidio, en su “metamorphoseon” narra, y más concretamente, en el Libro I, 230 –237, como Lycaon es transformado en lobo por Zeus tras poner a prueba la paciencia del dios. Antes de dicho momento, el lobo no existía. De este modo, el pensamiento mitológico, siempre buscando la lógica en sus explicaciones, nos iluminará sobre el por qué de la existencia de una fiera peligrosa, merodeante, acechadora y sanguinaria sobre la faz de la tierra.

En la región de Arcadia, región remota de Grecia, hay un monte con forma de pirámide y solitario. Para el resto de los griegos resultaba una zona realmente muy atrasada cuyos moradores realizaban, no sólo, ritos cruentos y vivían como animales, sino que hasta era posible que fueran antropófagos. El que fuera primer aborigen de la región conocido como Pelasgo gobernaba la zona. Este caudillo arcadio introduciría ciertas dosis de civilización a la zona, enseñando a la gente a comer bellotas en lugar de raíces, a vestirse con pieles en lugar de deambular desnudos y a procurarse chozas para cobijarse de las inclemencias meteorológicas. Al cabo del tiempo, Pelasgos tuvo un hijo al que llamó Lycaón, que fue un hombre religioso que siguió culturizando su remota patria de la manera que mejor supo.

Lamentablemente, su piedad estaba mal encaminada y, puesto que intentaba ser fiel a sus dioses, no se daba cuenta de que las acciones que emprendía ponían a prueba la paciencia de las deidades. Tanto es así que, tras construir varios templos en honor a Zeus, le ofreció sacrificios humanos ignorando que al dios no le agradaban. Zeus se horrorizó el día que vio llegar hasta las alturas celestiales el aroma salvaje del sacrificio de un niño pequeño. Tras haber escuchado rumores sobre las prácticas salvajes de las gentes de la Arcadia decide transformarse en un anciano y visitar a los habitantes de la región para ver de primera mano cuál era su catadura moral y cuales eran sus costumbres.

Así, el anciano termina siendo invitado al palacio de Lycaón a un suntuoso banquete. Éste, que tiene sus sospechas de que aquél anciano sea un dios, intentándole agradar sobremanera, le presenta para cenar un guiso de niño pequeño, dada la ternura de sus carnes. Además Lycaón era un personaje singular puesto que planeaba posteriormente matar al anciano al entender que otros habitantes de la región habían sospechado de la naturaleza divina del viejo, debido a su señorial porte y a que había comenzado a rezar plegarias. Liberándole de su disfraz humano para que no pudieran dañar al dios. Esta impiedad, que pudiera ser interpretada quizá como la soberbia natural del ser humano, es inadmisible a los ojos del dios. Y decide someter a un Lycaón impío al castigo de la transformación de su cuerpo en el de un lobo, por las atrocidades cometidas.

El pueblo de los molosos había enviado a Arcadia un rehén. Quien no era más que un adolescente, o un niño quizá. Lycaón le da muerte siendo los miembros de este moloso a los que, según Ovidio describe, ablandará Lycaón con agua hirviendo, mientras acaba tostando, a los otros que captura, sobre el fuego. Demostrando una vez más cuan es su salvajismo. El moloso es un tipo de perro pastor, raza muy apreciada desde la antigüedad. La víctima primigenia del pueblo de los molosos, el rehén, a manos de Lycaón, sellará por tanto el odio eterno entre las dos familias de cánidos, lobos y perros pastores.

Los textos nos ofrecen así un halo luminoso acerca del origen remotísimo del mito del nacimiento del lobo. En la remota Arcadia existía un rito, según el cual, un individuo que comía carne humana, tanto de manera real como figurada, se convertiría en lobo. Así, después, desnudo, atravesaba a nado un estanque y se ocultaba en los bosques. Si, durante los siguientes años, se abstenía de comer carne humana, podía regresar a la comunidad convertido nuevamente en humano. Todo ello nos muestra un rito de iniciación en el que un grupo de jóvenes arcadios abandonaban la comunidad conviviendo en los bosques y regresaban, pasados unos años, ya como adultos.

Hay otros autores que nos relatan el mito de Lycaón indicándonos que los asesinos fueron únicamente los hijos de éste. Mientras él, tremendamente desolado, una vez hubo visto el desastre provocado por sus hijos, construyó un templo en la cumbre de un monte, también llamado Lycaón, dedicado al Tonante. Aunque hay autores que nos dicen que dicho monte no se llama Lycaón, si no Liceo, lo cuál entra en frontal oposición con la etimología de la palabra Liceo. De este modo, Lycaón instauró un culto dedicado a Zeus Licaeo en dicho monte. Se cuenta desde antiguo que los que traspasaban el umbral de dicho templo, fueran hombres o bestias, dejaban de producir sombra en su interior. Además, se instituyeron unas fiestas en su honor, las Lupercales. Que revivirían los antiguos ritos arcadios de iniciación a la vida adulta.

Hay, según varios textos antiguos, hasta nueve Lycaones distintos. Es curioso que al dar significado a la crueldad del hombre, dicho nombre haya sido adoptado por otros personajes a lo largo de la historia. Aristóteles, en Atenas, adoctrinaba a sus discípulos desde la colina denominada Liceo que estaba cerca de otra sobre la que se erigía un templo a Apolo Liceo, del griego Lykoi, que significa “el matador de lobos” Lo cuál también nos haría dudar de la etimología de la palabra Liceo.

En la región de Sicione un grupo de pastores desesperados ante la cantidad de ataques a sus ovejas por parte de los lobos de la región, le piden consejo al dios oracular por excelencia, Apolo, quien convertido en Apolo Lykoi, les recomienda cortar corteza de cierto árbol de modo que se mezclase con carne y se la ofrecieran a los cánidos. De este modo, el corcho anulaba los efectos de los ácidos gástricos y los lobos morían de un modo horrendo. Así se cumpliría la profecía del dios, puesto que aquéllos lobos que comieran la letal mezcla, perecerían.

La palabra licántropo debe su etimología directamente de este mito de Lycaón, puesto que “Hombre lobo” procede directamente del latín “Lycanthropus” que, a su vez, procedería del griego Lykos “Lobo” y anthropos “Hombre”-

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Hombre lobo vs Licántropo.



El mito de los hombres lobo es originario de Europa y está muy vinculado con otras supersticiones y con la magia negra. Entre las causas por las que se puede convertir un ser humano normal en un hombre lobo destacan: Ingerir ciertas plantas relacionadas con los hombres lobo y la magia negra; beber en el mismo lugar que lo hubiera hecho un lobo; cubrirse con la piel de este animal; dormir desnudo bajo la luz de la luna; usar una prenda hecha con piel de lobo; adquirir la capacidad de convertirse en hombre lobo mediante la magia y sortilegios; ser el séptimo hijo varón, o duodécimo, siendo todos los anteriores varones; ser mordido por un hombre lobo; tener relaciones sexuales con un hombre lobo; nacer después de gemelos, siendo hijo varón.

No obstante, los mitos y la cultura popular son un buen caldo de cultivo para las fantasías de terror, que evolucionan con la sociedad. Los hechos reales se van desvirtuando por las leyendas y, lo que antes era normal, va convirtiéndose en extraordinario y tenebroso, todo ello gracias al boca a boca, la ignorancia y el miedo a lo desconocido. Casi todo monstruo tiene un origen real.

Explicados de una manera racional, los atributos de las bestias nocturnas pasan a ser explicados. En el caso de los vampiros, todos conocemos que tienen una serie de cualidades como son la aversión a la luz del sol, la palidez de la piel, intolerancia al ajo, presencia de sangre en los dientes y que no tienen reflejo en un espejo.

Pues bien, los aspectos más graves de fotosensibilidad podrían ser explicados por una enfermedad llamada “lupus eritematoso sistémico” y en algunos casos de “porfirias” Pero, en este caso, el lupus estaría más unido, por su sintomatología, al hombre lobo; mientras que las porfirias, se asemejarían más al vampiro. En ambas enfermedades la fotosensibilidad provocan en poco tiempo, ciertas lesiones cutáneas. Por ejemplo, en las porfirias, se produce una alteración metabólica de la síntesis del grupo Hemo, debido a dicha alteración, se acumulan moléculas intermedias llamadas porfirinas que, tras la exposición solar, provocan ampollas y quemaduras. En cuanto a la palidez de la piel casi espectral, puede deberse a la no exposición al sol, debido a dichas enfermedades. La alteración que provoca la porfiria podría verse agravada por la ingesta de ajo, puesto que puede bloquear, aún más, dicha síntesis del grupo hemo. Por lo que se podría producir una repulsión instintiva a dicho alimento. Otra de las alteraciones que puede provocar es tener la orina y los dientes rojizos, pudiendo confundirse dicha eritrodoncia, con la ingesta de sangre. Otra enfermedad que puede explicar el vampirismo y el rechazo al ajo, es la rabia. Se dice que un hombre sin rabia puede mirarse en un espejo, mientras que el rabioso, lo destruiría.

En cuanto al hombre lobo, el lupus eritematoso lo que produce tras la exposición al sol, es que el sistema defensivo no reconoce los tejidos como propios y comienza una reacción inmune contra el propio cuerpo. Se puede manifestar de muchas maneras distintas, por lo que la llaman “la gran impostora”. Una de las cuales es el enrojecimiento de la piel. Que, producidas en determinadas zonas concretas, puede dar lugar a una cara de aspecto lobuna. Además de dicha enfermedad, podríamos encontrar una mucho más rara, llamada hipertricosis lanuginosa congénita, que hace que haya presencia de pelo largo en todo el cuerpo. Con este síndrome, también se podría haber alimentado la imaginación de la gente. Existen, además, los niños salvajes desarrollados en plena naturaleza desde pequeños, y una enfermedad mental denominada Licantropía.

Entre las descripciones de la psicopatología destacan, en la historia de la psiquiatría de Franz G. Alexander y Sheldon T. Selesnick, los aparecidos en la Biblia, como por ejemplo, la depresión melancólica de Saúl, casos de excitación catatónica y ataques epilépticos. Hallándose la descripción de una extraña psicosis denominada licantropía, que afectó a uno de los hombres más famosos de la antigüedad, Nabucodonosor, el rey de Babilonia. Marcelo, que fue un médico del siglo III, definía a las personas afectadas de este mal, como aquéllas que vagan de noche por sitios oscuros y solitarios, preferentemente cementerios, y que aúllan bajo la luz de la luna, como lobos. Más adelante, algunos clínicos de los más relevantes, como Paré y Fernel, creían en la existencia de seres humanos que podían transformarse en animales. Paré, pensaba que era obra del diablo, que podía transformarse en cualquier ser, desde una serpiente hasta un cuervo. Jean Fernel, también lo asociaba al diablo y llamaba a esta enfermedad de influencia demoníaca “Licantropía” Por su parte, Pierre Leloyer, que publicó cuatro libros a finales del siglo XVI, pensaba que un ser humano, por sí mismo, no puede convertirse en ningún animal, sino que es Satanás con su inimitable arte, quien puede engañar al individuo y hacerle pensar que es un animal.

Uno de los padres de la psiquiatría moderna fue el médico Johann Weyer que apreció el verdadero poder de la imaginación y el papel de la fantasía en la formación de enfermedades mentales, haciendo creer al individuo que las cosas internas de su imaginación son reales. A menudo reconvenía a sus coetáneos, diciéndoles: “Si os encontráis ocasionalmente con los lobos peligrosos que recorren la región, y que se presume, son brujas, tales como las que los alemanes llaman Welwolf, comprended que estos lobos son reales; pero éstos llenan los órganos de la fantasía de aquellos conocidos como licántropos, en tal medida que creen y confiesan que son los autores de las devastaciones que han hecho los lobos, pues su imaginación está severamente dañada”

Rogues de Fursac se refiere al problema psicopatológico de la transformación de la personalidad y especifica que algunos de los pacientes se creen transformados en animales y frecuentemente en lobos “licantropía” y, estos trastornos, podrían formar parte de los “delirios crónicos” de Magnam o de las “parafrenias” de Krepelin. La enfermedad mental crea sus asuntos sin encontrar jamás un límite, no debe extrañarnos, por ello, que dicha transformación de la personalidad no quede limitada a determinados animales, sino que pueda abarcar a cualquiera de ellos, incluyéndose el calificativo zoantropía. Incluso en “El licenciado Vidriera” de Miguel de Cervantes, un hombre, tras ser sometido a un conjuro, enferma y se imagina que ha sido convertido en vidrio de pies a cabeza.

Calmeil, famoso y eminente psiquiatra del siglo XIX, dejó bien sentada la tesis de que todas estas perturbaciones fueron siempre problemas psiquiátricos; y sólo la ignorancia de tiempos pasados, pudo confundirlos con embrujos y endiablamientos.


El influjo de la luna. Algunos personajes nocturnos



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Algunas investigaciones realizadas por médicos y psiquiatras, demuestran de un modo definitivo, que la Luna influye de una manera muy importante en el comportamiento del ser humano. Como en el resto del reino animal y vegetal donde influye de un modo más o menos perceptible. Al igual que la Luna provoca las mareas bajas y altas en los océanos, ocurre algo parecido en el hombre. No en vano, el cuerpo humano está compuesto por un 80% de agua. Bien es sabido, sobretodo por los agricultores, del influjo que la Luna ejerce sobre sus campos. De hecho, en las plantas, durante el período de Luna creciente, la savia se concentra en un porcentaje mayor en la zona superior de la planta; mientras que en épocas de Luna menguante, la savia desciende y se concentra en el tronco y en las raíces. Así, por ejemplo, a los árboles de hoja caduca debe cortárseles en períodos de Luna Vieja, para obtener una mejor calidad de la madera y mayor duración de la misma. Hay científicos estadounidenses que han demostrado cómo difiere el consumo de oxígeno en las plantas según el estado lunar. Adderly y Bowen, científicos australianos, afirman, por su parte, que la Luna Roja que se aprecia al inicio de la primavera, es la causante de las heladas tardías.


En el cuerpo humano, lo más conocido en cuanto a la influencia lunar se refiere, es en lo concerniente al período de ovulación femenino, influyendo de este modo, en la concepción de los seres vivos de un modo más o menos directo. Y es que, la Luna influye en toda la mecanicidad de la naturaleza como sostienen algunos científicos. Un estudio realizado por unos médicos hindúes reveló que durante el período de plenilunio se da la circunstancia de que el Sol, la Luna y la tierra están casi alineados en una recta y, en esta situación, la atracción gravitacional de la Luna sobre la Tierra es mayor. La atracción del agua en el organismo humano en ese instante es capaz de modificar el funcionamiento de las células, órganos, aparatos o sistemas corporales.

Un psiquiatra de Florida, tras realizar un riguroso método científico y estadístico, investigó la influencia de la Luna llena sobre la conducta delictiva de las personas. De este modo, comprobó cómo los incendios intencionados aumentaban en un 100% en las noches de Luna llena. Este estudio se ha contrastado con otros departamentos de bomberos de todas partes del mundo arrojando, curiosamente, los mismos datos estadísticos. Pero lo más sorprendente fue descubrir que las estadísticas de criminalidad, en la fase de Luna llena o Luna nueva, también aumentaban. Tan es así que los homicidios y crímenes de todo tipo aumentan de un modo espectacular, como se ha comprobado con los departamentos de policía de distintas partes del mundo. Por otro lado, ciertos enfermos mentales, son conocidos como lunáticos, puesto que padecen la enfermedad denominada lunatismo. Si buscamos su significado, veremos que éste no es otro que “aquél que padece locura intermitente”. Con lo que sí coinciden diferentes psiquiatras es con que la Luna afecta a ciertos ritmos circadianos y, estos a su vez, trastocan determinados neurotransmisores de nuestro cerebro, lo que explicarían ciertos delirios violentos que padecen algunas personas enfermas durante la Luna llena. Freud estudió uno de los famosos casos de los llamados hombre lobo tan de boga en su época, demostrando que este hombre padecía una ciclotimia, es decir, una enfermedad que es especialmente sensible a los cambios climáticos.

Al denominado “hombre lobo” siempre se le ha relacionado con la luna llena, tanto a la leyenda del mismo como al enfermo mental así conocido, es decir, al licántropo. Las metamorfosis mitológicas y mágicas posibles en el ser humano a lo largo de la historia son innumerables. Siendo la más famosa de todas la que posibilita la transformación del hombre en lobo. Dicho mito se encuentra relacionado con todas las religiones, leyendas y narraciones antiguas y más modernas. Ya en el siglo XVI y XVII, que fue su época de mayor apogeo, se conocieron numerosos casos especialmente en Francia, Centroeuropa y, en menor medida, en otras partes del mundo. Los hombres lobo tienen la característica general de transformarse durante los períodos de Luna llena, tras los cuales vuelven a su fase humana anterior. Durante el plenilunio atacan, destrozan y matan tanto a seres humanos como a los animales que encuentren. En realidad, no se ha contrastado de un modo científico, su existencia. Lo que, según algunos psiquiatras, sí existe de manera comprobada y comprobable es, en el caso de algunas enfermedades mentales, la creencia de ser hombres lobo. Siendo en la fase de Luna llena cuando estos delirios de posesión alcanzan su mayor nivel de actividad.

Otro personaje mitológico altamente vinculado a la luna, la noche y sus sombras, es el denominado strogoï, vrolok, vurdalak, upior, brucolaco, nosferatu, todos ellos nombres rumanos, eslovacos, ruso, polaco, castellano y griego para identificar al vampiro. Estos vampiros, en su momento fueron humanos mortales, pero ahora están en un estado intermedio entre la vida y la muerte, motivo por el que se les denomina los no-muertos. Según algunas culturas, un cadáver desenterrado era considerado vampiro si su cuerpo aparecía hinchado y salía sangre de su nariz o su boca; si notaban que sus uñas, pelo y dientes eran más largos que en el momento del enterramiento del cadáver o un aspecto más saludable de lo esperado, mostrando incluso la piel sonrosada y ningún o muy pocos signos de descomposición. En algunos casos, podía también encontrarse, tras abrir la tumba, el cadáver manchado de la sangre fresca de alguna de sus víctimas.

El imaginario popular de Transilvania los describían como flacos, pálidos y con largas uñas. En Bulgaria, sin embargo, se les reconocería por tener un único agujero en la nariz. Según algunas culturas pueden transformarse en insecto, murciélago, rata, lobo o niebla. Poseen largos y afilados colmillos para alimentarse de sangre, pero en otras culturas, se decía que se alimentaban del fluido vital y, en consecuencia, del alma. Esta creencia les confiere un aspecto tan etéreo que favorece la característica de que no se reflejen en los espejos ni tengan sombra. Existe el mito de que no toleran el ajo y, en algunas tradiciones, se les ahuyentaría con rosas silvestres. Por su naturaleza demoníaca pueden ser heridos por atributos cristianos como la cruz o el agua bendita. Son indestructibles, o casi, pero junto a corrientes de agua ven debilitado su poder. Al exponerse a la luz del sol, pueden debilitarse tanto y llegar a morir, pero algunos vampiros viajaban a otros pueblos y llevaban una vida completamente normal. No pueden entrar en una casa si no son invitados previamente. Una sola invitación posibilitará que campen a sus anchas entrando y saliendo del hogar en cuestión. Es un ser lujurioso que vuelve al lecho conyugal a dejar a su mujer embarazada. De esta relación nacerá un ser con características especiales, que varían de una zona a otra, y que será denominado “Dhampiro”

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